Ocupar lo real. Y revolucionarlo

Como todo buen representante del posmodernismo que flota en su pretendida (e inevitablemente, metafísica) levedad del ser, Zizek tensiona todo su esfuerzo post-estructuralista en endulzar la forma de la existencia humana tal como se presenta hoy y habla de lo que se esconde detrás de “las demandas concretas” (o sea, las demandas democráticas) que levantaban en su momento los fenómenos No Global y Seattle, y ahora los Indignados y los Occupy. Zizek dice que el problema con estos fenómenos es que no fueron, que no van, más allá de esas “demandas concretas” porque no “cuestionan el Estado de derecho de la democracia burguesa”. Y que entonces lo que hay que hacer es “darles tinta roja” para que dejen de pavear con tanto pedido de no ejecución de hipotecas, con tanto reclamo por los recortes presupuestarios, por tanto berrinche por la salud, la educación y los alimentos, y se pongan a discutir lo verdaderamente importante que, como todos los marxistas sabemos, es el orden burgués que subyace y es la causa de todas estas nimiedades. Pero, qué extraño… no dice cómo se hace eso. En el medio, nos habla de la censura cultural en China. Ajá.

Qué extraño, Zizek, que habiendo leído tanto a Marx, se te haya pasado ese pasaje en el que el viejo Carl explica que lo que el ser humano es está determinado por la manera como se asegura sus medios de vida, es decir, por la forma como trabaja. O sea que si el ser humano sigue trabajando asalariadamente, dificilmente pueda “ver” lo que una vida privilegiada de estudio y comprensión de lo real, sin necesidad de salir a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir como lo tiene que hacer la mayoría de la humanidad, le permitió a este hombre tan bien formado.

Qué extraño que no veas que lo que le preocupa en primer lugar al gobierno Chino no es tanto la película pirulo sino más bien que los trabajadores no vuelvan a la ola de huelgas que azotaron la industria automotriz en junio de 2010 y que los trabajadores de la industria de la electricidad dejen de enfrentarse abiertamente con la burocracia sindical como lo hicieron ese mismo año.

Pero Zizek no habla de las huelgas en China, ni de los 200 nuevos sindicatos en Egipto ni de la huelga general del sector público del Reino Unido, Grecia, Italia, y los paros en Francia y en EEUU.

Y no lo hace porque hete aquí que este hombre tan bien formado se viene perdiendo de algo, no tanto porque no lo vea sino porque asumir que lo ve cuestionaría toda su estructura de razonamiento, cuestionaría el concepto que intentó durante 80 años liquidar la única concepción racional y científica de la sociedad humana, que es el marxismo, que habla de la clase obrera y no de multitudes. Porque si asumiera eso; esto es, que la clase obrera es el sujeto histórico de la Revolución, si asumiera que es posible la Revolución, y que de lo que se trata hoy es de prepararla, vería que lo que sí están haciendo estos nuevos fenómenos sociales que surgen en los epicentros de la crisis capitalista es confluir con la clase obrera, no sólo de sus propios países, sino también en otros, como lo hacen los Occupy Oakland, Wall Street, London, Atlanta, Birmingham, etc, con los trabajadorse portuarios de EEUU y los trabajadores del sector público del Reino unido, pero también con los trabajadores en huelga de China y los trabajadores de las textiles de Egipto.

La “multitud” de Zizek se encuentra con lo real y lo abraza, se funde con eso real que se llama clase obrera y hace acciones en común (las más importantes de todas, las más peligrosas para el “Estado de derecho”, las más reprimidas, las más desalojadas, en la democracia burguesa). Lo hace esporádicamente y sin planificación ni programa, y ese (no el supuesto “no ver que los términos que usamos para designar los conflictos que nos rodean –“guerra contra el terrorismo”, “democracia y libertad”, “derechos humanos”– son falsos“) es el límite que tienen. Sus demandas son la expresión del problema y la solución la puede dar la clase obrera con un Estado de su clase que garantice la salud, la educación, los alimentos, y que prepare su propia destrucción. Pero a Zizek lo real, convertido en lenguaje que dice clase obrera y Revolución, le hace cosquillas en las orejas mientras él grita bien fuerte, empeñadísimo (aunque en Egipto eso real supere a las palabras y se materialice en olas huelguísticas con 750.000 trabajadores sólo en septiembre, con Comités de Coordinación de Huelga funcionando desde enero, con enfrentamientos zarpadísimos en plazas de gases tóxicos nuevos y de balas de muerte) en repetir su frasecita eterna: “multitudes, multitudes”.

Ahí se queda Zizek, pensando en sus multitudes, albergándolas en el único lugar en donde pueden cobrar algún tipo de existencia (aunque sea metafísica): en sus columnas editoriales, en sus artículos ocasionales, donde su “tinta roja”, violentada por la temperatura de esto real que se reorganiza embrionariamente en todo el mundo y protagoniza procesos revolucionarios en Medio Oriente, se evapora del papel tan abruptamente como llegó hace 80 años. Y una vez enterradas las explicaciones irracionales sobre lo real, el lenguaje podrá “articular nuestra falta de libertad” cuando aniquilemos al Estado burgués, construyamos un Estado obrero que extinga las clases sociales. Y entonces, la sangre de los revolucionarios caídos en las guerras civiles que se darán en todo el mundo, será la base para prepararnos nuestra tinta roja, la que produciremos de a miles , con la que escribiremos la Historia del nuevo mundo y de la Libertad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: