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julio 29, 2011

Kastillos de sangre

«El castillo es en sí infinitamente más poderoso que vosotros, sin embargo aún podía haber una duda de que alcanzase la victoria; pero no aprovechasteis esa coyuntura, todo lo contrario, parece como si todo vuestro afán hubiese consistido en asegurar la victoria del castillo, por eso comenzasteis repentina e infundadamente a tener miedo en medio de la lucha y así aumentasteis vuestra impotencia»

(de El Castillo – Franz Kafka, 1922. Capítulo 23)

Los intelectuales K, los periodistas, sociólogos, filósofos del Kirchnerismo (después que los fusilamientos que la Policía provincial de Jujuy enviada por el Gobernador K del Frente para la Victoria, nos robaran nuevos compañeros del pueblo pobre y trabajador que lucha por tierra, trabajo y vivienda, esta vez en los campos -eternos, infinitos- de la familia Blaquier, esa que está directamente vinculada con el genocidio del 76, responsable del “apagón en Ledesma” que dio la oscuridad necesaria para que los milicos secuestraran a 400 hombres, mujeres y niños del pueblo, de los cuales hoy 30 siguen desaparecidos) salieron a escribir hoy.

Hablaron, entre otras cosas, de “los focos de violencia que el deterioro social provoca” y de cómo distinguir al “bueno” del “malo” entre “los dos Farfán“.

Podría contestárseles. Podría decírseles que “los focos de violencia” son del Estado burgués, ese que ellos defienden (porque les pagan para hacerlo) con su puño y letra todos los días de sus vidas. Que “los focos de violencia” están en la Gendarmería Nacional, en la Federal, en la Metropolitana, en los cuarteles militarse repletos, atiborrados de genocidas, en los directorios empresariales que su Gobierno “nacional y popular” defiende y apaña y subsidia, en las centrales sindicales atestadas de burócratas devenidos en empresarios que de vez en cuando y más especialmente después de discursos arengadores en el Luna Park, se cargan a uno que otro militante revolucionario como lo hicieron en octubre pasado con Mariano Ferreyra (y tu asesinato se prolonga infinitamente, Mariano, y nos duele otra vez en los Qom y en los pobladores del Indoamericano y en los fusilamientos a los trabajadores del Ingenio Ledesma, en los pulmones contaminados y de asfixia aguda de los bebés del pueblo pobre y trabajador de Libertador, gaseados en la madrugada de ayer por orden del Frente para la Viktoria). Podría contestárseles que “los focos de violencia”, que “la violencia”, para ser más exacta, es de ellos: de los Blaquier, de los Fortabat, de los Insfrán, de los Barrionuevo, de los Kirchner, de los patrones, de sus fieles servidores políticos pro patronales. Podría explicárseles que “la violencia” no está en los pueblos originarios ni en los pobres del Indoamericano ni en Mariano ni en los trabajadores azucareros porque ellos son pueblo pobre y obrero, son comunidades enlazadas profundamente con la tierra y los ríos y los árboles y las flores y las lombrices y el pasto húmedo y claro, porque ellos son militantes bellísimos, poéticamente irremplazables, revolucionariamente únicos. Son todo eso por lo que una se levanta todas las mañanas y sigue, aunque nos vayan faltando cada vez más sus voces y sus imágenes y su saber que están ahí… porque ya no están, porque los mataron ellos.

Los intelectuales K, sus amigos, miran alrededor y sólo ven vacío y silencio. No ven. No quieren ver. Les da miedo.

Los intelectuales K se quedan eternamente en el Kastillo, esperando que alguien, algún funcionario los atienda, los escuche, los calme. Llegaron al Kastillo para una tarea que ellos creían tener asignada: pensar un poco. Pero el Kastillo no necesita ese servicio, al contrario, hace lo imposible por anular ese trabajo. Y a ellos ahora en realidad, últimamente, más con el frío que viene haciendo estos días (y después será con el calor que vendrá y así), no tienen ni ganas de insistir en pensar. Para qué? Si pueden entretenerse “militando” en sus blogs pagos, escupiendo palabras sin sentido, comparaciones ridículas (no hay “buenos” y “malos”, hay pueblo pobre y obrero y hay verdugos del pueblo pobre y obrero, qué me importan los nombres, qué me importan los apellidos, pero por favor!), repartiendo violencia bajo la forma del cinismo, durmiendo el sueño eterno de la sinvergüenza y la caradurez.

«K dormía, en realidad no era un sueño en el sentido propio del término (…) la molesta conciencia había desaparecido, se sentía libre (…) aún no se había quedado profundamente dormido, pero se había sumido en el sueño, nadie se lo podría ya robar.»

Mientras, afuera de los Kastillos, los demás, nosotros, que estamos bien despiertos, bien alertas, bien pensantes, seguimos luchando. Seguimos militando de verdad: por la Revolución.

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