Cadenas invencibles

Y creen que ganaron. Con un gobierno tan Kómplice, cómo no sentirse así, claro. Amalia Lacroze ríe en su mansión (no importa dónde, alguna de las muchas que tiene en el mundo) y su risa está acompañada de los archivos sin abrir que sus Kómplices guardan celosamente de la vista del pueblo pobre, de los trabajadores, de las madres que siguen llorando a sus hijos secuestrados, torturados y asesinados. Sabés por qué no limpian el Río de La Plata? Porque está lleno de cadáveres de militantes de los 70, me decía uno de tantos, medio loco, medio perdido, medio ya sin alma porque los milicos se la habían llevado hace tiempo. Y creen que ganaron, porque los análisis esto y lo otro. La reacción en cadena de la polimerasa busca y busca, pero no puede encontrar los pares de bases nitrogenadas apareables porque no están todos, no están todos los códigos, esos todos se esfuman dentro de juzgados corruptos, se vapulean en despachos señoriales, en actos políticos de los partidos pro patronales, en bajadas de cuadritos para lavarse la cara, se pisotean, se ningunean, se vuelven a torturar y a asesinar. Esos códigos se esconden en los archivos, en las listas gigantes, escalofriantemente interminables que el Gobierno de Cristina Kirchner (y los que la precedieron) tiene y no quiere entregarnos.

Cae. La gravedad hace su trabajo sobre el cuerpo que se desliza desde el helicóptero de la Fuerza Aérea Argentina, la gravedad lo llama y el agua del Río lo recibe y le saca el último respiro. Sus tejidos colapsan, se inundan de líquido, de tierra, de oxígeno contaminado, su ADN se desnaturaliza, se abre, se destroza en pedazos imperceptibles, insignificantes. DESAPARECE del mundo su tangibilidad física.

Oscar. Mara. El amigo de mi viejo. Seguramente muchos Felipes. Y muchas Marcelas. Tantos, mierda, tantos! tantos cuerpos, tantos hombres, mujeres, tanta militancia exterminada, tanto horror, tanta basura junta en esos uniformes, en esos empresarios que les entregaron el plan genocida, en esos políticos cómplices necesarios, en esos intelectuales, profesionales, periodistas, que colaboraron, que callaron.

El agua le roza las heridas que la electricidad de la picana dejó para siempre en su piel antes bellísima, le desenrrieda el pelo apelmazado por días y días sin bañarse ni peinarse ni recibir caricias. Ya no siente la gravedad ni el suelo ni el agua ni el ruido de las aspas en el viento. Ya no está entre nosotros, ya no es, ya no vive.

Pero nosotros sí. Y entonces, gritamos:

30.000 compañeros detenidos-desaparecidos PRESENTES!

AHORA Y SIEMPRE!

Apertura YA de todos los archivos de la dictadura!

Juicio y castigo a todos los represores y sus cómplices!

Aparición con vida de Jorge Julio López!

NO olvidamos.

NO perdonamos.

NO nos reconciliamos.

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