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julio 14, 2011

Confesión

“En el orden implicado, ni el espacio ni el tiempo son ya los factores dominantes para determinar las relaciones de dependencia o independencia de los diferentes elementos. Es posible que exista una relación básica diferente por completo entre los elementos, y que, por ella, nuestras nociones ordinarias del espacio y del tiempo, junto con la de partículas materiales existentes por separado, queden absorbidas en las formas derivadas de este oden más profundo. En efecto, estas nociones ordinarias aparecen en lo que se llama el orden explicado o desplegado, que es una forma especial y particular contenida dentro de la totalidad general de todos los órdenes implicados.”

Sé el turquesa y la sal del mar y los aleteos de las calandrias en las escaleras del Pabellón II y el fluir del viento debajo y arriba de las hojas secas en la Avenida Boedo. Sé la luz de las lunas, el olfateo suave de Pantuflas en el aire, la lengüita húmeda y graciosa de Panchita, sé las durezas en las manos de los laburantes, sus ojos cansados y a veces tristes, sé la derrota en sus hombros, que los aplasta y les encorva la columna que encierra al SNC que las horas de trabajo impagas no dejan florecer con toda su potencialidad. Sé los zigzagueos del sol durante el día, su ocultarse tras las nubes frías y agüosas de allá lejos, sobre el cielo (aunque no exista). Sé el morderse el labio de las mujeres que trabajan igual que los hombres y les pagan menos, sé la furia del Arte y la Ciencia que no pueden ser libremente y se enojan y se encierran en galerías y en laboratorios grises y solitarios. Sé la vida de las hormigas caminando en el patio de casa, su andar ligero y las vibraciones de sus antenas agitadas por los olores y las temperaturas variables que tan increíblemente interpretan. Sé las miradas y los gestos de los que por su biología no se espera que disfruten como disfrutan, que amen como aman. Se me espacia la respiración y la piel se expande, como si quisiera romperse y liberar lo que (sea que) hay adentro. Me pasa con esas cosas. Porque las siento, las sé, las entiendo. No sé los números, los ejes de coordenadas, las ecuaciones interminables, no sé la lógica si p entonces q, no sé lo estático, lo inamovible, lo evidente a los demás. Los memorizo, para mantener un mínimo de “coherencia” con el mundo. Me aprendo de memoria la lógica interna de las leyes de la termodinámica,  la cantidad de ATPs que se producen en la Respiración celular, la Tabla Periódica, las unidades de medida de la aceleración y el momento angular. Los memorizo de una manera genial, al punto que parece hasta que los entiendo. Pero no sé qué son. No los alcanzo.

David Bohm (Físico teórico estadounidense que daba clases en Londres) empieza su libro (La Totalidad y el Orden Implicado, 1980) con la cita de arriba, entre otras líneas. Para mi peculiar (y terrible para este momento histórico) percibir cotidiano, para mi sentir (que es incapaz de entender las ubicaciones espaciales y las letras y las fórmulas químicas y tanto más) es un alivio, una liberación, una sensación de que, quizá, mi pensar (sea lo que sea eso) y mi sentir, no estén al fin tan separados, no sean, tal vez, tan ajenos, tan infinitayangustianteybellísimamente, alejados de lo real.

*Esto pude escribirlo porque alguien escribió sobre un sentir y pensar parecido y porque, habiéndome comprado un libro que en realidad no quería, cuando volví a cambiarlo ví a Bohm y no dudé. Unir las dos cosas, después, no fue dificil.

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