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julio 12, 2011

Panbradosilra

Es el año 2154 (o sea, el 2010). Pandora, una luna del planeta Polifemo es Brasil, un país (de los tantos) del patio trasero de EEUU. La empresa de Parker Selfridge (o sea, Norte de Energía SA, una empresa privada con participación estatal brasileña) negocia para solucionar los problemas energéticos de La Tierra (o sea, de América del Sur) consiguiendo El Elemento Unobtainium (o sea, La Fuerza del Río Xingu). Los Nativos del Clan Omaticaya, Los Na´vi (o sea, Los Kayapó, Assurini y Juruna, todas comunidades originarias que se asientan sobre los márgenes del Río Xingu en Brasil), resisten la destrucción del Árbol Madre (o sea, el Río Xingu).

El coronel Quaritch (o sea, Lula) dirige toda la operación Militarmente (o sea, desde El Estado Burgués).

En la historia, para variar, no aparece un sujeto revolucionario. Por arte de magia, Eywa, un dios pandoriano que vive en el Árbol, los salva y los invasores tienen que irse.

Qué bien logrado el rol de los científicos, que tienen que decidir entre su investigación (que está financiada por quienes destruirán el objeto de estudio) y la toma de posición política… y terminan tomando posición (a último momento y cuando ya no había opción, pero al fín una posición).

Qué aburrido el final que eligió James Cameron, que prefirió terminar su historia yendo más allá de la física (hacia la metafísica), cuando la realidad cercana, la visible, la que está ahí y acá y en todos lados, ofrece fuerzas increíblemente más bellas y apasionantes (como la fuerza de la clase obrera) con las que dar el broche de oro final. De todas formas no pudo evitar que algo de lo real se colara nuevamente en su argumento: La ayuda de Eywa a los na´vi consiste en organizar un ejército de bestias, animales y plantas que se levantan y combaten en la selva, con la dirección de los na´vi que son los únicos individuos en toda Pandora que aparecen haciendo trabajo manual en algún momento de la película. Casualidad? Inevitabilidad, Necesidad, diría yo.

Acá, la nota a la que llegué ya no me acuerdo cómo desde el Figaro de hoy, y que desató este post.

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